Menina e moça

Tiene nombre de mujer, pero es tan suya que yo no la catalogaría bajo ningún género.
Ella se muestra tan auténtica que a mí me hace sentir vergüenza el sentir pudor. Parece que con su luz meridional y atlántica te abraza y te invita a despojarte de trapos sucios y pieles muertas.

Lisboa te llama al orden si te pilla por algún casual en horas bajas contigo mismo. Lisboa da ejemplo. Lisboa te dice, “mírame a mí con mis callejuelas estrechas, lúgubres y mudas cómo me abro paso a encaladas casonas salpicadas de azulejería celestial”. Ella te enseña cómo pavimentos destrozados por el abandono se unen a mantos de teselas pulidas que reflejan en un mosaico de luz las puertas de un paraíso.
Si te sientes feo te dice “¿pero tú has visto mis fachadas desconchadas y carcomidas? Ahora asómate a su interior e intuirás el palacete que fue y puede seguir siendo”
Cuando te sientes pequeñito Lisboa te dice “Fíjate en mis gentes, hablando en susurros en las calles pero…acércate a las casas de fado y verás cómo sin ningún tapujo se abren el pecho para hacer a sus entrañas cantar a viva voz”.

Si sientes que tu humildad no luce, Lisboa te abre el apetito con los olores de esas cocinas en tascas caseras que alimentan estómagos y espíritus hasta dar gloria.
Lisboa enseña que es lo auténtico lo que atrae, lo que gusta y lo que se disfruta. Esa ciudad tiene espejos por todas partes, en sus suelos relucientes, en su río, en su océano.
Lisboa te susurra desde sus miradouros, “ya me has descubierto, ya te has descubierto…ahora tú ya no te escapas ni de mí…ni de ti”.

Como ascua en mano

Ahora mismo me estoy acordando mucho de Buda y de Frozen al mismo tiempo. No sé si esto le ocurre a todas las personas de la humanidad o sólo a algunas. Pero a mi me ocurre en ocasiones que ciertas situaciones hacen que el cabreo me invada hasta tal punto que creo que mi persona podría servir de combustible para un tren a vapor Madrid-Burgos.

Ese sentimiento de indignación que causa enojo, según la RAE, hace que me metamorfosee en un auténtico martillo pilón durante un tiempo bastante incómodo para mí y para todos mis compañeros. Y es que no lo puedo evitar. Y es que además, pienso y siento que si lo intentase reprimir, explotaría como si fuera un lemming de estos suicidas.

Menos mal que un día viendo La 2, estaban echando un reportaje chulísimo sobre los reinos de Buda que iban salpicando con citas de este ser tan magnífico que era muy humano llamado Siddhartha.
Uno de esos mensajes decía algo así como (estoy parafraseando) que la ira, mundanamente llamada «cabreo monumental», es como un carbón candente en nuestras manos. Si lo mantienes durante mucho tiempo al final te terminas quemando. Y entonces tuve una epifanía ahí mismo, en ese momento, que me gustaría compartir por si a alguien le sirviera también. Es natural que sintamos ese enfado importante, de vez en cuando, en nuestras vidas. Hay situaciones que realmente causan un enojo bastante serio que no podemos controlar, y creo que es justo. Lo que sí está en nuestras manos, y nunca mejor dicho, es la habilidad para soltar ese fuego abrasador antes de que nos convierta en antorchas humanas.

¿Dónde entra Frozen en todo esto? Pues en mi caso me acuerdo de la peli y de su canción Let it go, que yo traduzco para mis adentros como “chica, déjalo ya” y que me ayuda bastante a dejar caer el carbón incandescente de mis manos y ya de paso a pensar un poco más nítida y serenamente, que es yo creo cómo se tiene que pensar.

Total, que me estoy dando cuenta de que esto de sentirse airado debe ser algo bastante comúnmente humano. A fin de cuentas Buda hablo de ello en el siglo V a.c. y la reina Elsa en Frozen a su manera también estaba hablando en su famosa canción de cómo manejaba sus cabreos, y todos lo sabemos, por eso pegó tan fuerte, vamos, estoy segura.

Estupidez justificada

“Papá, la gente que es estúpida, lo es por alguna razón”. Así empezó una reflexión que me lleva hasta estas líneas, y es que es algo que creo que hay que tener en cuenta porque… ¿quién no tiene o ha tenido cerca o, digo más, ha sido, una persona estúpida en algún momento de su existencia? Pues todos nosotros, seguramente.

La estupidez, es una cualidad que puede ser percibida de manera objetiva y/o subjetiva y que está sujeta a numerosos condicionantes. También puede ser pasajera, afortunadamente. Lo que me interesa a mí aquí es ¿cómo manejas la estupidez propia o ajena cuando no tienes otro remedio que aguantarla? A mí particularmente me anima a no generar mala sangre el pensar que esa persona, quizá yo misma, no venga de serie con esa condición y que seguramente haya tenido que experimentar ciertas situaciones complicadas que le hacen reaccionar ya sea de manera permanente o transitoria de una forma, pues en mi opinión, bastante estúpida la verdad.

Todo este ejercicio de comprensión lo he ido depurando con el tiempo, aunque todavía me cuesta a veces, ciertamente. Lo que también me ayuda, y parafraseando a Elvira Lindo o mejor dicho a Manolito Gafotas, esto lo han investigado científicos de todo el mundo (y yo también he hecho mucha observación participante), es que normalmente la capa de estupidez humana cotidiana (quién la tenga), en la mayoría de los casos suele ser muy fina. De manera que si resistes la tentación de mandar a ciertas personas al carajo de una manera prematura y consigues elevarte por encima del tufillo de estupidez, puedes descubrir gente bastante maja a la que se le ha dado pocas oportunidades de mostrar sus bondades. Con un poco de suerte, puedes incluso generar un grado de confianza tal que le puedas decir ciertas verdades sobre tu percepción de su estupidez, pero siempre de manera constructiva…y con todo el cariño claro. Al fin y al cabo se trata de hacer un mundo mejor entre todos.

Más vale bien acompañado

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«Unirse es el comienzo; estar juntos es el progreso; trabajar juntos es el éxito» Henry Ford. Imagen de Annie Spratt

Pertenecer a una comunidad humana con la que te reconoces y te identificas es como pisar sobre suelo firme. Es como tener la certeza de que la tierra nunca te va a dejar sin fruto si es cuidada, mimada y abonada cada día. Esa comunidad puede ser tu familia, tu grupo de amigos, tu equipo, tus compañeros… han sido muchas las personas que durante esta situación se han sentido solas, seguro. Pero también creo que, debido a este tiempo en barbecho en el que de repente tuvimos que soltar todo lo que teníamos entre manos y en algunas ocasiones, simplemente…yacer…han sido muchos los pensamientos, recuerdos y emociones los que han brotado inesperadamente. Y seguro, seguro que la mayoría de ellos eran protagonizados por personas.

Igual que podrías figurarte la vida de una persona por su cesta de la compra, de la misma manera podrías esbozar bastante fielmente la naturaleza de cualquiera de nosotros en base a su gente, a la que va y viene, a la que desaparece, pero sobre todo a la que siempre está ahí, algunas latentes, otras muy presentes.

Cada vez valoro más necesaria y preciada la idea de crear comunidad. Pero una comunidad con fundamento y de calidad. De esas que a fuerza de ser cocinadas con los mejores ingredientes y a fuego lento durante horas terminan haciendo un chup chup cuya esencia lo impregna todo. De esas que dejan una sensación de estar bien nutridos. De esas que te dejan el cuerpo y el alma bien satisfechos.

Sáhara seguimos siendo

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«Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya» Séneca

Estoy intentando recordar dónde leí aquello de que los ideales, los pensamientos y las creencias que más fuerte se defienden surgen de una gran emoción…y vamos, no podría estar más de acuerdo.
Todos hemos construido en muchas ocasiones nuestras creencias, ideas y convicciones más altas a partir de que nos hayan hecho sentir grandes emociones o grandes pasiones a favor o en contra. En otras situaciones ocurre que, una vez que conoces la realidad de los hechos, tu moral te dicta posicionarte irremediablemente, defender y apoyar lo que para ti resulta justo y necesario. Ambas cosas me llevaron a mí a amar y a situarme a favor del pueblo y de la causa saharaui. No recuerdo qué fue primero, si la pulsión moral o la pulsión emocional lo que me llevó a ellos. Bueno, para ser sincera, lo que realmente nos unió inicialmente fue un proyecto fin de carrera que me cayó en las manos inesperadamente.

Yo sabía del pueblo de habla Hassanía lo mismo que puede saber cualquier universitario que hubiera estudiado historia de España y de la descolonización de África. También es cierto que en las clases de etnología regional, en los pasillos, en la cafetería y en el césped de la facultad solía ser escuchadora de gente que sabía más del tema. Me llamaban la atención estas personas que sin tener una relación aparentemente fuerte con los moradores y refugiados del Sáhara Occidental, habían creado un vínculo de pasión desde el que hablaban cuando se referían a ellos. Yo, que inicialmente, y tengo que decirlo, no me había empapado mucho sobre la situación de los saharauis, me maravillaba ver a estas personas involucrarse tanto con una causa tan lejana en el tiempo, en el espacio, en lo social y en lo cultural, necia de mí. Pronto descubrí que de lo que hablaban era una herida abierta de un mismo cuerpo y de una misma alma que compartimos España y Sáhara Occidental.

Tras sentir la obligación moral de saber más sobre la situación y causa saharauis subí decidida a un avión con el resto de mis compañeros de proyecto fin de carrera rumbo a los campos de refugiados de Tindouf, en la Hamada argelina. Un lugar inhóspito y prestado por Argelia a los refugiado saharauis para lo que se suponía que iba a ser un periodo de tiempo limitado, esto fue hace más de 45 años. Debido a lo yermo y a lo poco fértil del paraje, y a la situación doliente de los refugiados, pensaba que mi primer encuentro con los saharauis iba a ser en condiciones de lamento, tristeza y rabia por ambas partes. No fue así. Fue desconcertante y al mismo tiempo impactante cómo lo estéril del paraje y de la aparente realidad que allí se presuponía contrastaba con un torrente de pasión por su vida, pero sobre todo por su vida pasada, aquella de nomadeo en su tierra arrebatada, y por su vida futura, aquella que gozar de vuelta en casa y por la que luchan día a día.

Mis compañeros y yo íbamos al encuentro de esas personas que habían tenido la oportunidad de vivir su vida en tierras saharauis antes de que el gobierno marroquí ocupara el Sáhara Occidental. El objetivo de nuestro proyecto era rescatar y plasmar sobre el papel la memoria oral de una cultura que se iba perdiendo a la espera de una solución justa que parece no llegar nunca. Es por ello que tuvimos el privilegio de conocer pura sabiduría y alma envueltas en pieles curtidas por el sol, en darrahs y en melfas.

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«La libertad está en ser dueños de la propia vida» Platón. Imagen de Jesús González

Recuerdo que en una ocasión, visitamos la casa de una persona de esas que llenan la estancia, en este caso la jaima, con su presencia. Era una mujer saharaui que tras hablar de sus rituales de construcción de jaimas, de rituales de nacimiento o matrimonio, comenzó a cantar. Fue en ese momento cuando pensé, esta gente tiene algo único que nadie le ha conseguido arrebatar. Esa mujer tenía las entrañas unidas a la tierra, mucho más abajo de las toneladas de arena que veíamos. Esa mujer estaba transmitiendo con su canto la vibración de la tierra donde nació ella y nacieron sus padres. Esa mujer tenía un poderío que no se podía aguantar.

Y como ella, podría hablar de los poetas saharauis, que con sus poesías liberaban aves de canto que hablaban de libertad, amor, tierra y tradición con una firmeza y una altura humana de esas con las que te apetece saludarlos haciendo una reverencia. Un espectáculo. Sobre todo porque dices, ¿de dónde sacan los saharauis que llevan 45 años refugiados en un desierto infértil toda esa fertilidad? Creo que ya la traían de casa.

Y esto no sólo se plasmaba en el folclore quizá más vistoso, no. Allí reparé en ese dicho que reza que los que menos tienen (aparentemente) son los que más dan. Bueno, yo creo que esa afirmación habría que explicarla mejor. Porque…los que menos tienen ¿qué? Supongo que se referirá a cuestiones materiales y comodidades, que de eso no tienen nada. Pero creo que tienen lo que hay que tener. Tienen una empatía que te hace sentirte en buenas manos; tienen una generosidad con la que te percibes abundante en medio del desierto; insisto, tienen una altura humana que hace sentirte frente a eminencias terrenales y espirituales, y sobre todo tienen una conciencia de sí mismos, de su gente y de su cultura que hacen que posean la eternidad.

He tenido la suerte de conocer y emocionarme con el pueblo saharaui. Es irresistible su poder magnético. La sensación de unión con ellos es la misma, a mi parecer, que la que tienes cuando te apetece sentirte cerca de alguien al que admiras y del que tienes mucho que aprender. Es mucho lo que les podemos aportar si aplicamos la responsabilidad histórica y la conciencia moral, pero creedme, es infinitamente más lo que ellos pueden ofrecernos a nosotros en condiciones de libertad.

Dedicado a nuestra gran familia saharaui, especialmente a nuestra madre saharaui, Naama y a nuestra hermana Watanya y a nuestro abuelo Hussein. Este artículo nace del cariño, del recuerdo y desde la experimentación real.

Chica, tú nunca pasas de moda

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«Hay que vivir como se piensa, si no se acaba por pensar como se ha vivido» Paul Charles Bourget . Imagen de Sasha Freemind en Unsplash

Hoy es el día del libro. Me refiero a hoy que estoy escribiendo estas líneas, tú me estarás leyendo más tarde, claro.
Se da la coincidencia de que acabo de terminar de leer un libro, y no cualquier libro, al menos para mí, y es por eso que me gustaría compartir la experiencia en estas líneas.
Quisiera, en primer lugar resaltar siempre, y hoy más que nunca, el valor la lectura porque parafraseando a Don Quijote, el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho. En definitiva, hay que vivir mucho para saber mucho. Y con los libros se vive. Pero se vive de una manera muy especial, porque por una parte, te sumerge en mundos, personajes, realidades muchas veces muy alejados de ti; pero por otra parte te acerca a tu persona; te hace descubrirte, y eso normalmente resulta muy gustoso la verdad.

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Exactamente eso es lo que me ha pasado a mí con este libro que mencionaba, “Ana de las Tejas Verdes”, “Anne of Green Gables” en su título original. Para empezar ya, el hecho de que te lo regalen. Que te lo regalen a ti, justo ese libro. Ahí empieza ya la experiencia. En mi caso, fue un regalo de unos seres muy queridos; lo trajeron de un viaje en el que por lo visto habían visitado una librería preciosa. Ya mi historia con ese libro empezó en ese mismo momento en el que alguien decidió en alguna librería de algún lugar de España que yo debía leerlo. Eso me hizo reflexionar en el hecho de que cuando te regalan un libro determinado, esas personas te están brindando la oportunidad, muchas veces involuntaria, de desvelarte cómo te perciben a través del contenido del libro, y eso me resulta muy interesante.

Pero volvamos a la historia de Anne. Tal y cómo comentaba Margaret Atwood en la edición que yo leí, preciosa por cierto, esta novela no es lo que se dice rompedora o reveladora o impactante. No. Lo que resulta único, original y profundamente inspirador para mi es el alma a través de la cual vivimos el relato. Anne Shirley es una joven huérfana y preadolescente que tras sufrir la muerte de sus padres cuando sólo contaba meses, comenzó a malvivir en un rosario de experiencias hostiles, carentes de amor, cariño o cualquier sensibilidad. Lejos de lo que podría parecer, Anne desarrolla una capacidad asombrosa para refugiarse en la belleza más absoluta, esa que ella misma se ha creado pico y pala con derroches de creatividad y contemplación de lo bello que nos rodea. El resultado es una niña arrebatadoramente vital siendo muy consciente del mundo real en el que vive.

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«La vida es un arco iris que incluye el negro» Yevgeny Yeytushenko. Imagen de Jeremy Bishop en Unsplash

La historia se desarrolla a finales del siglo XIX en Avonlea, un pueblo peninsular de la costa canadiense donde Anne encuentra por fin su hogar, más o menos por casualidad, tras pasar una temporada en un orfanato bastante horrible. La niña pasa a formar parte de la familia Cuthbert en la casa Tejas Verdes, de ahí el nombre del libro, obviamente.
Avonlea, se nos presenta como un pueblo en el que la exuberancia de la naturaleza que lo rodea contrasta con una geografía humana a simple vista cotidiana y poco reseñable para aquella época. Roles muy marcados, vidas que se rigen por las estaciones climáticas y por las construcciones sociales; por la satisfacción de expectativas ajenas, por el decoro y por el qué dirán. Y aquí llega Anne Shirley, totalmente ajena a esas normas sociales, algo que la hace sufrir cuando se topa bruscamente con ellas, y sin embargo, con un espíritu secretamente admirado por la mayoría de los habitantes de este pequeño pueblo ¿y por qué? Porque Anne, a pesar de su corta edad, está de vuelta, ha sufrido las normas del juego de la sociedad en las que vivía como una niña y sólo quiere Vivir, y eso se nota.

El magnífico entorno natural en el que se enmarca la obra y su espíritu libre y pleno son sus grandes aliados para abordar su nueva vida y los que habitan en ella. En Anne todo es derroche de posibilidades, de superación, de pasión por vivir. Aunque educada, no está encorsetada, y eso la hace muy disfrutona, a pesar de que eso no le evita sufrir las cornadas de lo que “debería ser” y no es. En la novela se ve claramente cómo esas almas más cercanas a ella que intentan meterla en la vereda en la que todos están, sienten al verla el contraste de sus vidas respecto a la que intentan encauzar, miden felicidades y en la cabeza del lector se destapa el pastel. No quiero desvelar nada más…sólo diré que todas esas presiones llevan a Anne a un estado de cierta tensión en el que intenta comportarse y sentir como manda el manual con más o menos éxito (eso ya se descubrirá); pero sólo añadiré que es su pureza de alma la que le hace triunfar, a todas luces, sin perder su esencia, e iluminando a los demás. A mi sinceramente, no se me ocurre mayor éxito.

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Después de bucear un poquito en la vida de la escritora de Ana la de Tejas Verdes, descubro a su creadora Lucy Maud Montgomery, una escritora canadiense cuya vida no es de extrañar que haya inspirado un personaje como Anne Shirley. Maud fue una mujer que vivió una infancia rodeada de adultos, por lo que en muchas ocasiones su compañía, su amiga y su gran aliada, era ella misma. Yo creo que desde pequeñita ella descubrió el poder de conocerse a uno mismo y de crear nuestras propias realidades.

Afortunadamente conozco a alguna que otra Anne Shirley y me da la impresión de que aquellas personas que me regalaron el libro creen que también. Este escrito va por vosotros.

De Recogida

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«Nuestro gran error es intentar obtener de cada uno en particular las virtudes que no tiene, y desdeñar el cultivo de las que posee» Marguerite Yourcenar. Foto de Petya Stoycheva en Pixabay

Esto para mí ha sido, y sigue siendo, como cuando después de un día movidito o de una noche de verbena una se vuelve a casa, de recogida, recordando momentos memorables que acaban de acontecer, y los repasa con el ojo observador de la memoria, reparando en lo que se había pasado por alto pero que resulta clave para el desenlace de los acontecimientos. Y luego al día siguiente, otros nuevos recuerdos vuelven a brotar espontáneamente sin querer, sin ni siquiera saber que estaban ahí o existían, y te ofrecen una nueva visión, un cambio de enfoque sutil, pero revelador.

Pues eso es lo que me ha pasado a mí durante este último año de retiro casero, básicamente. Si me tuviera que comparar en términos naturales, digamos que la vida que llevaba antes de «todo esto» sería la propia de un campo labrado para cosechar cereales. Sí, muy trabajado, muy aparente y ordenado y sobre todo, a todos ojos productivo. Pero llegó el cambio.

Yo fui de las afortunadas que lo único que tuvo que hacer fue quedarse en su casa. No voy a hablar de todas las dificultades, miedos e incomodidades que sabemos que esta nueva realidad ha producido y está produciendo, sobre eso ya hay mucha literatura.

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Me voy a centrar en la oportunidad, que a mí personalmente, me brindo esta singular circunstancia. De pronto estaba en mi casa, con mi gente, con mis cosas, conmigo misma. ¿El tiempo que le dedicaba a organizar agenda, gestionar vida laboral, o llegar al trabajo? todo para mí. El tiempo por castigo, que diría alguien; y silencio, mucho silencio, dentro y fuera, mucha quietud, de repente, como nunca.

Me aparté de las noticias que llegaban de fuera y abrí ese cuadernito, porque la mayoría tenemos un cuadernito, donde tenía escritas decenas de listas incompletas de cosas que quería hacer y nunca hice. Señalé las que eran realizables, y comencé a leer ese libro que tenía pendiente, volví a escuchar ese disco que me regalaron, me puse a ver esa serie que alguien me recomendó; por primera vez abrí el libro de recetas que mi madre me pasó hace meses. Todo lo hacía porque quería, todo lo hacía porque me apetecía.

También había momentos en barbecho, claro que sí. Momentos en los que simplemente, no hacía nada. Ahí era cuando comenzaban a brotar las memorias de tiempos pasados, más recientes pero también remotos, de los que hablaba antes cuando una viene de recogida. De pronto me surgieron recuerdos de la infancia, que jamás había recordado; conversaciones con personas que habían pasado por mi vida, memorias gratas, otras no tanto. Todas ellas me llevaban a ligeras reflexiones sobre esta vida, sobre mi vida, que nunca habían surgido, y que venían de ese espíritu reflexivo que llevamos dentro, de esa intuición, de esa esencia nuestra apagada que ahora podía expresarse y ser escuchada, abrirse paso por fin; y que me hablaba claramente sobre mí misma.

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Nunca me he sentido más yo. Nunca había encontrado las piezas de ese puzle que es mi vida, y en cuya falta no había reparado hasta ahora. No es que antes llevara una vida sin chispa e incompleta, no, nada de eso. Lo que pasa es que ahora, después de la recogida, después de escucharme, de dejarme pues…fluir, soy más consciente de quién soy, soy más plena en las decisiones que tomo, en lo que elijo y sobre todo, me lo paso mucho mejor. Porque ahora soy más como ese campo en el que aflora lo que naturalmente tiene que aflorar.

Es como la que sólo ha experimentado el aroma de las violetas a través de los caramelos a los que dan nombre (muy ricos, por cierto) y un día, como tiene tiempo y le da la gana, paseando descubre un campo de violetas silvestres en el que nunca había reparado, y descubre el auténtico aroma de las auténticas violetas silvestres y dice, claro, esto era, ahora sí.

…….Hace unos días una amiga me regaló un libro que tenía reservado para mi desde hace algún tiempo. Se llama Genki, y revela las 10 reglas de oro de los japoneses para vivir con alegría, serenidad y sentido. Sólo me he leído las dos primeras hasta la fecha; aquella que trata de dar sentido a lo que hacemos y aquella que trata de dar las gracias por lo que acontece. Supongo que con este relato intento aplicar las dos.

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«En un bosque se bifurcaron dos caminos, y yo… Yo tomé el menos transitado.
Esto marcó toda la diferencia» Robert Frost.

Chema de Isidro, cocina que habla en plata

                 

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Chema de Isidro abraza a uno de sus alumnos de Gastronomía Solidaria ONG. Imagen de Felix Soriano

Le llaman el “chef solidario” aunque “a mi me gusta que me llamen “cocinero”, y mis alumnos me llaman “sensei” reconoce.

Cuando vas a conocer a Chema de Isidro, cocinero y maestro, y te encuentras a un hombre con coleta, anillos y pendientes gruesos, orgullo vallecano, conversación en plata, y lo comparas con esa imagen de cocinero que todos llevamos dentro, (ese hombre que parece un pincel en blanco desde el gorro al mandil), uno dice, “este Chema ha surgido de las llamas de los fogones”. Efectivamente, de unos fuegos que le dieron la vida y cuyas brasas azuza para que su calor alcance a aquellos que pueden renacer de sus cenizas. Expresiones como “valores sociales”, “cooperación” y “humanidad” con él suenan a rock&roll.

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Chema de Isidro muestra los cuchillos con los que se trabaja en una cocina

Hoy es el primer día de un nuevo curso en las cocinas de Chema, sus alumnos son personas consideradas en riesgo de exclusión social que buscan aprender el oficio de pinche para poder así insertarse en el mercado laboral, “en una cocina siempre hay trabajo, hay que dominarlo, ganarlo, pero hay” dice Chema. Todos estos aprendices son extranjeros: dominicanos, venezolanos, guineanos, afganos…algunos están lo suficientemente crecidos como para llevar 25 años en España y haber trabajado en otras cocinas o en astilleros. Otros, sin embargo, saludan con la timidez propia de un joven de 19 años que prácticamente acaba de aterrizar en el país.

Chema se presenta brevemente, pero se centra en el proyecto, “el objetivo del curso es saber estar en una cocina; saber manejar el cuchillo, que es la herramienta más importante”. El maestro deja claro que este no es un curso para aprender a cocinar en casa, “se trata de trabajar en ello” y apostilla “la inserción laboral es una cuestión de actitud, no importa la edad”.

32 años lleva Chema de Isidro entre fogones, y se le nota curtido, por eso advierte, “una cosa es que te logo-gastronomía-solidaria-ONGguste cocinar y otra es que te guste trabajar en una cocina…sabed en el mundo en el que os vais a meter, es tan importante un cocinero de hospital como uno de tres estrellas Michelín…el oficio es el oficio”.
La Escuela de Cocina Cesal es la que organiza estos cursos dedicados a la reinserción laboral efectiva y con la que Chema lleva 5 años colaborando como profesor, aunque él quiso ir más allá, dándole una oportunidad a los “excluídos de los excluídos”; así surgió Gastronomía Solidaria, ONG que fundó en 2017 junto con su esposa, su cómplice, su compañera Beatriz Burgos y otros amigos, y que este año saca del horno su primera promoción de “raspitas”.

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Equipo de Gastronomía Solidaria ONG. De izquierda a derecha: Felix Soriano, Chema de Isidro, Beatriz Burgos. Paco Patón. Imagen de Felix Soriano

Para entender el espíritu de Gastronomía Solidaria hay que conocer un poquito más la vida y obra de quien le dio vida. Cuando Chema comienza a hablar de su juventud en el madrileño barrio de Vallecas y de lo que supuso para él aprender el oficio de cocinero, empiezo a atar cabos. Y es que con 17 años, Chema de Isidro era un plato compuesto de una base de edad complicada a las que se le añadieron unas láminas de falta de motivación, aderezadas con virutas de algunas malas compañías y líos callejeros. Ese fue el plato que su padre y su tío decidieron poner en manos del profesional de la cocina Iñaki Izaguirre. Chema se puso el mandil al servicio de Iñaki, a quien hoy considera su maestro, descubriendo en la cocina su pasión. Entre brunoises y concassés Chema de Isidro encontró un oficio, una labor que le llevaba a mejorarse cada día, a aprender, a retarse y a descubrir que podía ser bueno haciendo algo realmente bueno. La cocina fue su salvación. Tras esto se matriculó en la Escuela de Hostelería, donde finalizó sus estudios como primero de su promoción en el año ’93. De ahí, a trabajar en las cocinas del hotel Villa Magna, del Casino de Madrid o con el cocinero Paco Roncero cuando ambos eras ayudantes, entre otras innumerables hazañas.

“No son cursos de cocina, es el comienzo de una nueva vida”

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En la primera clase, los alumnos de Chema aprenden a manejar el cuchillo cortando en harina

Con este bagaje y teniendo el alma y la empatía del que es conocedor de los ingredientes necesarios para apoyar y motivar a aquellos que lo tienen más crudo para empezar de nuevo, Chema de Isidro funda la ONG en cuya introducción podemos leer “Gastronomía Solidaria es una Asociación cuyo objetivo es la integración socio-laboral de colectivos en riesgo de exclusión social, trabajando en favor de una sociedad equitativa de derechos, compromisos y deberes”.
Igual que en los cursos de Cesal, en GS ONG se sigue el método de trabajar la figura del pinche, preparar a los alumnos para que puedan trabajar formados, ya que según afirma Chema “todo el mundo puede cocinar, y eso les motiva”. Por Gastronomía Solidaria han pasado ex miembros de bandas latinas, jóvenes salidos de prisión, migrantes sin documentación o mujeres víctimas de la trata de personas. En la Escuela se les da la libertad de comenzar de nuevo, no se les juzga, lo único que no se acepta son personas cuyo delito haya sido de carácter sexual.

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Aprendiendo a cortar patatas y cebollas en la primera clase

Según Chema lo cuenta, además de enseñarles una profesión, a mi me da la impresión de que también los apadrina. Me comenta que incluso pasan la nochebuena juntos, han creado una familia. Tiene un don para conectar con ellos y ellos para conectar con él, considera su labor como una cuestión de urgencia, sabe de su importancia porque conoce la realidad y las consecuencias de no actuar a tiempo. En Gastronomía Solidaria los acogen desde los 16 años, edad a partir de la cual es legal trabajar en España; se les instruye, se les acompaña en el cambio de ciclo y se les presta una atención constante, poco a poco se ven las respuestas…esto funciona.
Hace falta apoyarles y motivarles como personas y como estudiantes. Cada joven aparece con su propia problemática, son auténticos dramas a los que se tienen que enfrentar desde la adolescencia e incluso la niñez. Aquellos que se dan cuenta de que deben coger las riendas de su vida, tienen una oportunidad para empezar de nuevo en esta cocina. Chema ha conseguido que el grado de asistencia a sus clases sea del 100%, el de inserción laboral del 83%, y que 6 de sus chavales hayan llegado a ser jefes de cocina. Comenta que incluso colegas de profesión le llaman para pedirles trabajadores, por lo visto últimamente se prodigan más los chefs que los pinches y por lo que comenta Chema “no hay gente para pelar patatas”.

Happy Siphal, humanidad holística

Bomberos Unidos sin Fronteras, el Padre Ángel, médicos, dentistas, psicólogos, deportistas…y Chema de Isidro. Él me habló del proyecto Happy Siphal, una labor que tiene como fin ayudar a los más desfavorecidos en circunstancias agravadas por el efecto de una catástrofe natural, buscando salvar sus vidas y mejorar su calidad hasta que puedan valerse por sí solos. Para su primer proyecto, que está siendo desarrollado en diversos orfanatos de Nepal, a Chema se le encomendó la misión de proyectar una cocina central en Khatmandú, pero él relata que cuando llegó al terreno y vio su realidad se dio cuenta de que antes de empezar por una cocina, deberían comenzar con huertos, granjas…pues todo estaba desolado. Hoy por hoy ya hablan de crear una escuela de cocina para que esos niños el día de mañana puedan tener una salida profesional. Chema idea traerse a varios de ellos a Madrid para poder formales y abrir un restaurante en Nepal.

Mientras me habla de estos y otros eventos comprometidos le surgen llamadas de compañeros, dudas de alumnos, mensajes de estudiantes, lo atiende todo. Yo pienso “cuántas cosas”, él parece satisfecho. Chema tiene esa expresión activa pero serena de aquellos que han probado las mieles de lo que supone desprender humanidad, y están enganchados.

Historia de una familia

                 

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«La familia es la patria del corazón» Giuseppe Mazzini. Imagen de Kaniz Sheikh

Si supiera les dibujaría, a ellos, a los cinco, porque transmiten sin palabras una fuerza que anima, que encoraja, que hace de lo diferente una auténtica virtud. Pero me voy a valer de la escritura, y casi mejor, porque así podemos conocer lo que, entre bambalinas, ha hecho crear esta familia.

Nieves y Fernando son profesores de Geografía en la Universidad Autónoma de Madrid y tienen dos hijos, Qing y Darío. Qing vino de China con un año hace once; Darío es madrileño, con el pelo encaracolado y la tez negra, llegó a casa con apenas unos días y ya tiene nueve años, ambos son adoptados. Este equipo se completa con Lili, el perro labrador que está siendo adiestrado para acompañar a Qing, que al llegar a España siendo un bebé fue diagnosticado con TEA (Trastorno del Espectro Autista).

Diferentes colegios, diferentes horarios, diferentes necesidades, diferentes atenciones… el día a día de esta familia resalta por una gestión del tiempo totalmente eficiente. Nieves y Fernando capitanean este equipo con una sincronización suiza, todo para dedicar a sus hijos un tiempo de calidad, esa es su prioridad. Atrás quedaron los momentos para uno mismo, o para compartir en pareja. Qing es muy dependiente en muchos aspectos, por lo que la evolución lógica de la autonomía en los hijos no se da en el caso de esta familia “y hay que asimilar que seguramente durante mucho tiempo sea así. Mucho tiempo o toda la vida” afirman. Por ello, tanto Nieves como Fernando están en busca constante del equilibro entre el grupo y ellos mismos, yo misma he visto a Fernando a las diez de la noche en febrero trabajando en el jardín con la ayuda de un frontal, aun así ellos admiten “nos sentimos afortunados porque desde que salen del colegio, estamos con ellos”.

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Y es que ya sea por la condición singular de Qing, o por el modelo de familia que Fernando y Nieves proyectan, ellos han decidido hacer de su familia un proyecto personal, pero también social por su grado y nivel de implicación.
Me surgieron muchas preguntas al abordar el tema de la adopción con ellos. Es un asunto que siempre me ha resultado desconocido. Sí, todos tenemos un amigo que tiene un amigo que adoptó, y te llegan historias desalentadoras como que el proceso fue durísimo, larguísimo y carísimo. Pero… ¿Son todos los procesos iguales en todas partes? ¿Es factible adoptar? ¿Cuáles son los requisitos?

Historia de dos adopciones…y media

Nieves y Fernando lo tenían claro desde el principio. Querían adoptar y formar una familia con más de un niño. Me cuentan que existe la posibilidad de adopción nacional, tutelada por tu comunidad autónoma, y la internacional. Debido a los largos periodos de espera en la adopción nacional, que suelen durar de promedio 9 años, (eso cuando la vía está abierta, que no siempre lo está), muchas familias optan por solicitar a la vez la adopción nacional y la internacional, aunque esta última también lleve años.
Los países a los que más comúnmente acudimos los españoles a adoptar son Rusia, China Ucrania, Etiopía, Vietnam y Colombia, aunque a día de hoy parece que nos están poniendo más trabas, debido entre otras cuestiones a nuestra crisis económica. En el caso de Etiopía concretamente, se aprobó una ley en enero de 2018 que prohíbe a los extranjeros adoptar niños etíopes, es por ello que Nieves y Fernando tuvieron que cerrar un tercer expediente que tenían abierto para adoptar a una niña procedente de este país africano.
Otro de los factores que animan a los españoles a adoptar fuera de nuestras fronteras posiblemente sea que nos encontramos en un país con poco porcentaje de niños adoptables, de hecho, hay más familias que niños en las listas de espera.

Darío-Qing-Hermanos
«Un hijo es una pregunta que le hacemos al destino» J.M. Pemán

En cuanto a los requisitos en la adopción, varían de un país a otro. En el caso de la adopción nacional, es una condición indispensable que los padres y los familiares del niño susceptible de ser adoptado renuncien a su patria potestad. En cuanto a las familias de adopción, aparte de que al menos uno de los tutores sea mayor de 25 años y de que la diferencia máxima de edad entre adoptado y adoptante no sea superior a 40 años, deben reunir una serie de condiciones psico-pedagógicas y socioecónomicas relacionadas con el medio familiar; que existan relaciones estables y positivas, motivaciones y actitudes adecuadas…
El deseo de las familias suele ser adoptar a niños lo más pequeños posible, la razón que da Nieves es que los grupos de menores que no son muy pequeños suelen tener una reinserción en la familia más compleja.
Por cierto, en el caso de España, la ley permite la adopción a cónyuges de igual o diferente sexo, parejas de hecho o familias monoparentales y según Fernando “es necesario cumplir unos requisitos económicos para poder adoptar”.
Además, la pareja confiesa “el tiempo que te lleva es un proceso largo y tiene un gran coste emocional, sobre todo con el primer hijo que adoptas”. Si resulta que una familia es idónea para la adopción, pasará a una lista de selección con el fin de que se les asigne un menor en régimen de acogimiento familiar preadoptivo, y a posteriori, eventualmente, la adopción.

En el caso de Darío, desde que la familia abrió un expediente de adopción a través de la Comunidad de Madrid hasta que el niño llegó a casa, pasaron años. Primero, lo tuvieron unos meses en régimen de acogida, el proceso de adopción plena se desarrolló durante el tiempo en el que el pequeño ya estaba en casa. Darío llegó a la vida de Fernando y Nieves con sólo unos días de vida. Para cuando él llegó a la familia, Qing ya formaba parte de ella tras un proceso de adopción que duró cinco años.
Nieves destaca las diferencias en el proceso de adopción nacional, en el caso de Darío; internacional, concretamente con China, en el caso de Qing. Bajo su punto de vista, “la adopción de la Comunidad de Madrid es un proceso pautado, limpio. Sus técnicos, auténticos profesionales, gente super valiosa que hacen que el proceso sea muy claro, muy cómodo para las familias”.
Y es que la adopción, dice Nieves, “es una experiencia de vida en la que se suceden procesos de inestabilidad emocional muy grande”. Surgen dudas, expectativas, idealización…y luego llega la realidad.
Y muchas realidades llegaron para Nieves y Fernando, la de Darío, la de Qing, y la del TEA.

Historia del activismo familiar y social por la inclusión

Cuando Qing llegó a la familia, Nieves y Fernando se dieron cuenta de que algo en él era diferente. El niño no respondía a los estímulos de manera usual y no se sostenía erguido a pesar de que ya tenía un año. Que actuaba de manera diferente, es algo de lo que, al menos las enfermeras que lo tenían a su cuidado en China, tendrían que ser conscientes, aún así no fue hasta llegar a España cuando Qing fue diagnosticado con el Trastorno del Espectro Autista, más conocido como TEA, este trastorno, en rasgos generales, altera las habilidades intelectuales, de interacción y de comunicación verbal y no verbal de quienes lo padecen.

En ese momento, Fernando y Nieves activaron los mecanismos para que Qing, sus capacidades y sus necesidades diferentes tuvieran visibilización, aceptación y cabida en el sistema. Aunque está siendo un camino complicado, no están solos, numerosas organizaciones, como Plena Inclusión; asociaciones, como NorTEA, Roncescan o centros como Creare contribuyen con su labor a la plena inclusión y avance de personas con discapacidad intelectual o del desarrollo, luchando por una sociedad más inclusiva, justa y consciente.

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Según Nieves, se están consiguiendo cosas, aunque lamentablemente los cambios no vienen acompañados de una respuesta óptima por parte de la administración. “Desconocen la problemática real, en la Comunidad de Madrid se llevan a cabo acciones puntuales bien pensadas desde el punto de vista del marketing político. Es una administración obsoleta, poco sensible y muy dependiente de qué acciones tienen que desempeñarse para parecer políticamente correctos”. Afortunadamente, y como siempre, la lucha está siendo de abajo a arriba y en muchas ocasiones los cambios en los niveles superiores vienen motivados por la sensibilidad de las personas que están al cargo. La experiencia de la que habla Nieves no es aislada, muchas personas, familias, asociaciones en España luchan por esa mayor inclusión a todos los niveles, educativo, social, laboral…

 

La ONU ha alertado recientemente, aunque las conclusiones se han sacado de un estudio que ya se inició en 2014, de que España viola sistemáticamente el derecho de la educación de alumnos con discapacidad. “La segregación y exclusión de España de los estudiantes con discapacidades de la educación general, por su discapacidad, equivale a violaciones graves o sistemáticas del derecho a la educación de esos estudiantes en virtud de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad”.

Qing estudió primaria en el mismo colegio que su hermano, pero al final de esta etapa, el colegio comunicó a la familia de que no podían hacerse cargo de un alumno con las peculiaridades de Qing y ahora asiste a un colegio de educación especial. Esto no facilita mucho las cosas, aunque la verdadera lucha está en el día a día pero Qing cuenta con aliados, su hermano Darío, que a pesar de ser el pequeño, ejerce de hermano mayor; el agua y su perro Lili.

Nieves y Fernando son conscientes de que la integración tiene que producirse paulatinamente y que a nivel social e infraestructural tenemos que estar preparados, pero ese cambio comienza con la concienciación y sin ninguna duda añaden “la sociedad gana cuando nuestro hijo está cerca de niños diferentes”.

Enlaces relacionados:

La ONU constata que España viola «sistemáticamente» el derecho a la educación de alumnos con discapacidad, publicado en eldiariodelaeducacion.com

«La educación inclusiva es el único camino para que se reconozcan los derechos de las personas con diversidad» publicado en eldiariodelaeducacion.com

Autismo: otra forma de ser en el mundo, publicado en aprendiendojuntos.elpais.com

Realidad, mitos y retos del autismo, publicado en aprendiendojuntos.elpais.com

Anne Sullivan, creer para crear (en The Hire Tools)

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Imagen editada por Cio G, para The Hire Tools

 

La creatividad vive en nosotros, parece una cita de El Rey León, pero es así, doy fe. Recientemente he tenido la suerte de que se cruzaran en mi camino -prácticamente al mismo tiempo- la obra de David Bohm “Sobre la Creatividad”, un ensayo sobre la naturaleza de la creatividad y “The Miracle Worker” (1962) y película que muestra la experiencia de Anne Sullivan en su primera etapa como maestra de la niña ciega y sordomuda que más tarde se convertiría en la afamada activista e intelectual Helen Keller.

Cuando buceé en estas dos obras lo tuve claro: David Bohm me estaba enseñando en la teoría lo que Sullivan puso en práctica toda su vida, el acto de observar, crear e innovar.

Ver lo que otros no ven (da igual que seas ciego)

Si quiere saber cómo acaba… en The Hire Tools podrás encontrar el artículo completo