Quererse uno mismo, quererse uno siempre

 

           

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“Cuando el hombre no se encuentra a sí mismo, no encuentra nada” Goethe. Imagen de Jon Flobrant

Todo pasa por querer. Querer aunque no lo sepas.

Parto de la idea de que hay una voluntad interna que nos mueve a procurar el éxito de aquello que queremos. Y si te quieres a ti mismo, pero te quieres de verdad, desde el conocimiento de quién eres, tendrás uno de los misterios de la vida desbloqueado, algo que te ayudará a perseguir tus logros particulares, o al menos así lo creo.

Llevo tiempo queriendo escribir sobre las claves que potencialmente nos hacen conectarnos con nosotros mismos, creo que el conocerse a uno mismo es la única manera de saber qué queremos, de entendernos, comprendernos y mimarnos, de llegar a ser felices logrando nuestros éxitos personales, sean cuales sean, ya que los tenemos identificados.

“Llega a ser quién eres” me dijo una vez una de mis compañeras del alma “llega a ser quién eres” pensé…qué rotundidad.

Y es que hay ocasiones en las que pasamos por nuestra vida de puntillas, nos colocamos en piloto automático y entre atender los mandatos sociales, los usos y costumbres y preocuparnos por lo o los demás al final se nos va el vino en catas. Y no vivimos señoras y señores, o al menos, no nos vivimos todo lo que nos deberíamos vivir y cómo nos deberíamos vivir.

Por eso yo propongo que buceemos dentro de nosotros, que vayamos en búsqueda de esa perla que se va creando dentro de la concha de nuestras profundidades, perla creada granito a granito, conocimiento tras conocimiento, emoción tras emoción, experiencia tras experiencia. Que la descubramos y nos aferremos a ella como un náufrago a una boya salvavidas, para que podamos resurgir en un mar de oportunidades sabiendo que no nos vamos a hundir o flotar a la deriva.

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“La única cosa realmente valiosa es la intuición.” A. Einstein. Imagen de M. Weisbecker

Curiosamente estaba yo pensando en todas estas cosas cuando ha llegado a mi un artículo sobre un estudio de Richard Wiseman, un psicólogo de la Universidad de Hertfordshire, en el que básicamente identifica los elementos que nos pueden llevar a mejorar nuestra suerte. He creído bastante útiles y convenientes las ideas y conclusiones que se plasman en su libro The Luck Factor porque considero que enlazan directamente con el propósito de este artículo, es decir, conocerse, quererse, dejarse llevar por uno mismo a través del camino hacia nuestro éxito particular.

Tras estudiar cientos de experiencias de personas que consideraban tener buena suerte frente a otras que afirmaban lo contrario, Wiseman ha identificado cuatro principios básicos que las personas que se identificaban como “suertudas” llevaban a cabo para potenciar su buena suerte, son los siguientes:

Maximizar las oportunidades, es decir, crear y encontrar aquello que pueda mejorar nuestras actuales condiciones, trabajar en pos de nuestro bienestar, sabiendo qué es lo que nos beneficia.

Confiar en las corazonadas, tomar decisiones acertadas haciendo caso a nuestra intuición, a nuestros pálpitos, para ello hace falta escucharse, conocerse y confiar en uno mismo.

Ser optimista, diseñar un porvenir satisfactorio a través de expectativas realistas y positivas.

Valerse de la resiliencia para transformar la mala suerte en buena y es que todos nos hemos visto en alguna situación en la que hemos clamado al cielo “ no hay mal que por bien no venga”. Sé de varias personas a las que la crisis les hizo tomar la decisión de marchar a otro país donde desarrollaron la labor que siempre habían deseado o conocieron a la persona con la que compartir el resto de su vida.

Está claro que no todos tenemos la misma facilidad para desarrollar estos preceptos de manera natural y cotidiana, pero muchas veces todo consiste en dejarse llevar por el profundo conocimiento y confianza en uno mismo, aunque quizá eso sea lo que se nos complica.

Vivir feliz y plenamente a través de querer procurar nuestro éxito, alcanzando un conocimiento profundo de uno mismo, esa sería mi moraleja. Ser consciente también de que el camino del éxito pasa por terrenos sombríos, pero hay que seguir confiando, ya que tal y como me recuerda otro de los amores de mi vida “la vida no malgasta energías”.