Cajón de Sastres (y modistas)

                 

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«Las ideas no duran mucho, hay que hacer algo con ellas» Ramón y Cajal.  Imagen de Lara Gonzalo, Pixabay

Será ahora que, durante la cuarentena, siento más su falta o será que me he dado cuenta de que aunque en la distancia, son sus palabras las que me acercan a ell@s, a su sentir, a sus abrazos.

El hecho es que inicié Lo Bueno Está en la Calle pensando en esas personas que un día descubrí y que me resultaron inspiradoras, pero en este momento de nostalgia y recuerdo quiero especialmente tener presente la inspiración que siempre ha existido cerca de mi. Esa que posiblemente me haya llevado hasta aquí.

Por eso este rincón va dedicado a ell@s y es enteramente de ell@s.  A sus palabras, sus memorias, sus líricas; por ser sastres y modistas de sus propias vidas ( y en parte también de la mía); y engalanarlas con palabras de organza y sentir de filigrana.

A tod@s ell@s, gracias.

 

Amarillo

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«La felicidad es la certeza de no sentirse perdido» Jorge Bucay. Imagen de Patrizia Bruno

 

Tomé esta foto en Oaxaca
En un día en el cual buscaba la abundancia y la luz.
Un día en el cual buscaba al mundo,
Con sus colores,
Sus perfumes,
Sus formas perfectas.
Un día en el cual era libre sin darme cuenta.
Un día de luz en el abrazo de la naturaleza,
En el perfume de la hierba fresca,
En el azul del viento sobre mi piel desnuda,
En la luz potente del sol
que coloreaba el mundo de amarillo.
Amarillas las flores,
Amarillos los filos de hierba,
Amarillas mis manos,
mis dientes,
Mi boca abierta para saborear la vida.
Amarillos mis pensamientos de luz,
Amarillas las montañas de Oaxaca
que surgían inmortales para proteger
las espaldas del pueblo.
Amarilla mi frente,
Mis pensamientos vacíos
que no tenían nada que decir
sino contemplar la luz del mundo,
la pureza del agua.
Amarilla mi libertad
que se expandía
con cada respiro del Universo.
Para que no olvidemos a lo que sabe el mundo.
                                           Patrizia Bruno
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El Acantilado

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«Lo importante no es mantenerse vivo sino mantenerse humano» G. Orwell. Imagen de Capri23auto

Siempre que lo visito voy a sentarme al acantilado. Me gusta ver el mar enfurecido, bravo, con ese olor tan intenso a mar. Y cuando está en calma disfruto del color de sus aguas, siempre tan transparentes, y ese brillo de las rocas…

Allí, sentada sobre una de ellas, comienzo a imaginar buscando en las historias que están pasando, porque cada transeúnte es una historia. Me fijo en sus andares, qué reflejan sus rostros,  cómo van vestidos, si caminan acompañados…cualquier detalle que me llame la atención. A partir de ahí me invento, o no, la  historia.

Es curioso lo que te puede llegar a contar una persona sin conocerla. Sobre todo me fijo en los que, como yo, se paran en este mismo lugar,  porque tenemos algo en común y en sus vidas busco la mía.

Isabel Rivera 

 

 

 

Diario de una masihia española en Ramadán 

يوميات مسيحية اسبانية في رمضان

Hace una año pasé un Ramadán de desvelos y noches infinitas, ilustradas con historias del Corán, palabras de libertad y sueños Saharauis.

Como cada año, Ramadán empieza 12 días antes con respecto al año anterior. Este 2020, coincidiendo con la llegada al mundo de un virus devastador y a la vez transformador (COVID 19) y con la consecuente parada a la que nos sometió, así, sin más, una amiga y yo dijimos ¿y si lo hacemos?, es de esas cosas que se te ocurren sin pensar, sin juicios y dicho sea de paso sin filtros, pero sobre todo sin conocimiento de a qué te vas a enfrentar.

Una no llega a la decisión de hacer Ramadán, creo que la decisión llega a ti, como lo bueno en la vida; sutilmente, de puntillas y sin avisar. Todo empieza enamorándote de un pueblo musulmán, en mi caso el pueblo Saharaui. Primero te enamoras de sus sonrisas, sus ojos, su piel y todo lo que va con ellos; después de su dignidad, su libertad (aún estando refugiados) y de la energía de sus palabras que te traspasa hasta la médula como una invasión que llega para quedarse, y oye, ¡bendita invasión! Por último ya te interesa todo: que si cómo cocinan el camello, que cómo es un día normal, que quiero ir de boda Saharaui, que quiero un nombre árabe… hasta que un año te ves preguntando cómo es eso del Ramadán, y al siguiente dices: ahora sí, ha llegado, tengo que hacerlo.

El día 23 de abril casi sin darme cuenta me vi haciendo cola en una tienda Halal para comprar dátiles y dulces árabes, mientras le preguntaba a mis hermanos Saharauis todo tipo de consejos y recomendaciones.

Nadie me avisó del dolor de cabeza que me iba a sobrevenir el primer día al no tener costumbre de pasar sed, tampoco nadie me dijo que lo de escribir un diario iba a ser prácticamente imposible porque la cabeza baja sus revoluciones y poder conjugar dos palabras seguidas se convierte en una tarea titánica; es por eso que el diario al final solo fueron 7 días a lo largo de todo el mes. Ahora, desde el reposo, la calma y la nutrición permanente del cerebro son tantas las vivencias y sensaciones que creo que en lugar de un diario podría escribir varios. Pero sobre todo sé, que si tuviese que volver a pasar ese dolor de cabeza y esa sed, sabría como sobrellevarlo, porque el sufrimiento, como todo en esta vida, no dura para siempre.

 

2° Atardecer

datiles-en-ramadan
 

La primera estrella está totalmente formada.
Ya se puede.
Según la hora del día los minutos pasan a distintas velocidades, sobre todo cuando el brillo de esa estrella empieza a dibujarse en el cielo.
La noche ya llega, la oscuridad empieza a caer, la vida comienza.
Todo va despacio, el cuerpo no necesita tanto, la lentitud es el ritmo natural, la pausa es lo que necesitamos.
Ahora tenemos todas las estrellas por delante.
La noche nos espera.

 

 

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Largo camino hacia la noche 5

Tenía que llegar el hambre, el dolor de cabeza, la angustia.
Los pensamientos pesan, el cuerpo se resiste.
El tiempo se para.
Las ganas de abandonar traicionan entrando de puntillas en la cabeza…
Pero miras al cielo, cada vez hay menos luz, la noche se acerca despacio pero firme; las nubes reflejan el atardecer que ya se acerca; la estrella de cada día empieza a encender el brillo allí, a lo lejos, donde solo los que la esperan pueden verla; nuestros ojos la miran aquí, sus ojos la miran allí donde el cielo es más bonito, más inmenso, más libre…
Nunca antes la oscuridad trajo consigo tanta vida.

 

Ofrenda 11uvas-en-cuento

El hambre llega, ocurre, remueve y se sostiene, porque sabes que tiene fin.
Cae el sol y cae el hambre.
Venera cada alimento, bendice, agradece, cuida cada sustancia que entra dentro de ti y te hace vivir, por pequeña que sea.
Prepara tu primera comida cerca del atardecer, respétala, hazlo con dedicación, como si de una ofrenda se tratase, hasta lo más pequeño nos hace vivir.
Y honra, honra tu suerte, porque tu hambre termina cuando la noche se acerca; y hay en el mundo hambres de todo tipo, que por desgracia, duran para siempre.

 

15 días

8-5-2020
Fundido a negro

Las horas.
La sed.
El hambre.
La ansiedad.
El reloj.
La paciencia.
La duda.
Los minutos.
El esfuerzo.
El refuerzo.
El tiempo.
La impaciencia.
El calor.
La calma.
El atardecer.
Las ganas de abandonar.
El sueño.
La debilidad.
La escucha.
La energía.
El amanecer.
La mente.
El silencio.
El apoyo, ese que da energía.
El camino, que si recorremos junt@s es más fácil.
La superación, esa que nos demuestra que podemos con todo, que somos imparables,

que nada nos limita. 

 

Smara- TindoufAmanecer 21

Llega la luz.
Termina el día.
Comienza el esfuerzo.
Vuelve la lucha.
La resistencia llega, débil a ratos, infinita siempre.
La estrella que por la tarde nos avisa brilla ahora antes de apagarse.

 

Empieza la cuenta atrás.
El mundo se ilumina y los ojos se cierran.
Llegan las horas de la fuerza.
Que llegue la luz al mundo y también a mi paciencia.

 

La sedvaso-y-azul

Llega el calor, le acompaña la sed.
Son muchos días, el final está cerca, el cuerpo se resiste y a su vez camina solo.
Cada minuto que pasa suena como una gota de agua cayendo sobre mi esfuerzo, resonando en mis pensamientos.
Aguanto el hambre, pero la sed me puede.
Miro el grifo, la botella, el vaso. Con mover una mano podría beber, podría calmar la sed.
La cabeza me traiciona, me dice que no pasa nada, que puedo, que es solo un poco de agua, pero otra vez la resistencia aparece y me calma y me dice al oído: «tranquila que el sol empieza a bajar»… Mi esfuerzo llega al horizonte que marca el comienzo de mi día y el final de la resistencia.
Cuando nuestra estrella brille aquí sé que con abrir el grifo el agua calmará la sed, la angustia, las dudas, sé que me hará vivir de nuevo… Pero cuando la estrella brilla allí, a veces ese agua que calma y que vive no aparece, y aún así las sonrisas perduran, luchan, aguantan y eso lo que consigue es que mi resistencia se haga grande.

 

Día 30rama-de-dátiles-vacía

Los ojos inquietos buscan en el cielo, y ahí está, plata, fina, brillante, como una señal avisando que este camino llega a su fin.
30 días con sus 30 noches, 30 amaneceres y 30 atardeceres.
Cada paso, como cada dátil que he ido quitando de la rama, ha hecho el camino, me ha llevado a un lugar que no conocía y que está dentro de mí.
Mi esfuerzo termina, pero el valor, el amor y la resistencia caminarán siempre a mi lado.
El sol, la luna y las estrellas han sido mi reloj, han regido mis días, han sido mis guías…
30 días de emociones, de entre todas: la fuerza, el valor y la empatía, sobre todo la empatía.
Ahora sé lo que es el hambre, también he conocido la sed y la desesperación, que por suerte para mí terminaban al caer el sol y ahora más que nunca sueño con que ojalá el hambre, la sed y todo lo injusto de este mundo desaparezcan un día y para siempre cuando el sol se aleje por el horizonte.

María Porcel