Miguel Valle Castaño, por amor y por trabajo

           

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M. Valle Castaño en Toronto (Canadá). “El cabalgar, el viajar y el mudar de lugar recrean el ánimo” Séneca

“Miguel, tú vas a llegar lejos” le decía yo, aunque no me imaginaba que tanto…este reportaje ha salido del último de los tantos encuentros con Miguel Valle Castaño desde los años de universidad, esta vez con grabadora, porque las perlas que suelta mi amigo astur no tienen desperdicio.

He decidido dedicar este reportaje a este periodista que muchos de vosotros conoceréis por Madrileños por el Mundo o Mi Cámara y yo, no sólo por ser un compañero de profesión apasionado, además de buena gente y por tanto buen amigo, sino porque él es de esas personas con las ideas claras a las que la motivación, el esfuerzo y el entusiasmo en lo personal y en lo laboral le han propulsado hacia el cielo de los sueños cumplidos. Podría perfectamente ser la imagen del dicho “llega a ser quien eres”.

A Valle Castaño le conocí en Madrid, en la Complutense, más concretamente dentro de ese bunker llamado Facultad de Ciencias de la Información, en tiempos en los que la crisis barruntaba no tan lejos y nosotros estábamos a punto de ser expulsados al mundo laboral precario y sin becas. Él, tan pizpireto siempre entre esas paredes grises y esos discursos ajados de profesores frustrados con la realidad del periodismo contemporáneo. Yo, me dejaba llevar por una corriente periodística más cercana a Larra, decepcionada y descorazonada, por lo que conocer a Miguel fue descubrir la cara amable, entretenida y simpaticona del periodismo.

Es un animal televisivo, eso ya se veía venir, es algo que se ha ido gestando en él desde siempre, aunque gran parte de su vivacidad proviene de sus pasiones curradas y disfrutadas.
Siempre que se le pregunta a Miguel sobre el origen de su felicidad menciona tres causas: su familia, sus amigos y su trabajo, con Asturias y Madrid como telón de fondo. Admite que su talante de reportero dicharachero le viene de familia, “mi padre es un personaje con un gran don de gentes y mi madre es una entrevistadora nata”, ahí lo tenemos.

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M. Valle Castaño en Asturias “Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya” Séneca

Recuerda cómo empezó a surgir el germen del periodismo en su alma campechana cuando los domingos acompañaba a sus padres a tomar el vermú mientras él se sentaba muy digno con 11 años a leer el periódico, “me interesaba lo que pasaba” dice; aunque fue con el secuestro de Miguel Ángel Blanco Garrido y su intenso seguimiento periodístico, cuando se dio cuenta de lo que realmente quería hacer, comunicar, transmitir, expresar, un alma periodística se estaba gestando en Piedras Blancas.
Es inevitable sentir, cuando hablas con Miguel, ese profundo amor por la tierra y por la familia.

 

Cualquier memoria le lleva a recordar que sin el apoyo de los suyos nunca podría haber llegado a estudiar y desarrollar la carrera de sus sueños, aunque no le falta mérito. Desde que comenzó periodismo se le conoció como becario en más de una decena de empresas, televisiones locales, Tele5, Antena3, Telefónica…no es de extrañar que su cara nos resulte siempre tan familiar…porque a Miguel no se le caen los anillos. Incluso trabajando ya en Madrileños por el Mundo se le veía en el Mercado de Motores de camarero sirviendo cañas o jaleado por estudiantes de bachillerato, a los que apoyaba para que se sacaran la PAU, porque estaban asombrados de que su profe saliese por la tele…y por el mundo al mismo tiempo. Esto de trabajar a tope y poder con todo le viene de familia “eso lo he aprendido de mi abuela, que tuvo 9 hijos y los crió a todos con un huerto y cuatro vacas”admite enchido de orgullo.

No sería de extrañar que dentro de poco le viéramos tirando cañas en Chamberí, pero esta vez en su propio local, porque junto con la enseñanza, los bares es una de las pasiones del asturiano, “soy un loco de los bares” confiesa, “me encantaría tener un bar, pero un bar como si fuese mi casa”. Aunque yo sé que esto del bar sería una excusa para estar cerca de la gente. La gente es lo que realmente le apasiona, y por eso en un programa como el de Madrileños por el Mundo es dónde él se luce.

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M. Valle Castaño en el parque Yellowstone (Montana, USA) “Más confío en el trabajo que en la suerte” Porverbio latino

Me gusta verle por la tele, me encanta ver cómo se desenvuelve en remotas partes del planeta, jugando con los niños de una escuela de Madagascar o sentado sobre el regazo de Papá Noel en Laponia; me hace gracia contemplar la mirada de niño curioso con la que aborda sus preguntas y me siento muy identificada con la reacción que despierta en esos madrileños que salen a su encuentro, con una familiaridad y una calidez que debería sentirse más a menudo.

Dice Miguel que lo que más le atrae de sus viajes y de su labor de reportero es la gente. Las personas y sus historias. Sus viajes le han enseñado a aprender de lo humano, a romper mitos, a derribar estereotipos y a abrir los ojos, “La gente es tan diferente que asusta”. Aunque llega a una conclusión clara “todos vamos buscando la felicidad por el mundo”, y su experiencia le ha mostrado que las personas se mueven por dos causas principales, por trabajo o por amor, juzguen ustedes mismos.

Este asturiano se mueve por el mundo tan pancho, parece que se siente a gusto en todos los lados, pero ahora vamos a tirar para casa. Hace 13 años Miguel llegó a la capital para estudiar en la Complutense “cuando llegué a Madrid me sentí como Paco Martínez Soria, me faltaban las gallinas, la boina y el dinero en una goma, como un tratante de ganado. Ahora es mi Madrid”. Es, según el periodista, el carácter cercano, abierto y auténtico de la ciudad lo que le ha conquistado “Madrid sabe a lo que es, Chamberí sabe a Chamberí, Lavapiés sabe a todo el mundo”

Adoro hablar con él, quizá sea su mirada abierta, positiva, amable, llena de curiosidad y de posibles lo que haga que transmita su versión del mundo y que lo viva de una manera que nos gustaría sentir a todos, que es muy posible y muy real. Quizá su labor no le de para escribir una guía de viajes en profundidad, tampoco para escribir un ensayo sobre antropología humana, pero cada vez que Miguel vuelve de uno de sus viajes, de conocer, vivir, experimentar… le siento más sabio y más cerca de la verdad, esa que nos une a todos.

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M. Valle Castaño en Bali (Indonesia) “Para trabajar basta estar convencido de una cosa: que trabajar es menos aburrido que divertirse” Baudelaire

“Las historias que más me llaman la atención 

son las de la gente que ayuda porque me hacen reflexionar sobre la ayuda que nosotros ofrecemos”, 

decía Miguel.

Aquí van tres historias de madrileños, que aportan humanidad, por el mundo.

Ángel Manzano en Madagascar

Dice este madrileño que sus dos pasiones, el baloncesto y viajar, fueron los que le motivaron a plantarse en Madagascar y llegar a convertirse en el entrenador de la selección nacional de baloncesto. Desde luego actuar por pasión es un acierto, y lo bueno siempre atrae lo bueno, Deporte y Educación para un Mejor Futuro (www.deporteyeducacionparaunmejorfuturo.org) es su aportación a una región en la que el 70% de la población vive bajo el umbral de la pobreza. La ONG que Ángel preside consta de 7 escuelas de baloncesto en zonas deprimidas en las que se forma a los niños a través del deporte.
Pueden disfrutar del reportaje aquí, minuto 52:14.

Luis, emprendedor social en Kenia

Este periodista casado con una keniata ya ha echado raíces en la savana africana y dice que no vuelve a Madrid. Aunque se gana la vida como consultor, lo que más le enriquece es haber construído 5 colegios en Kenia, incluída una casa rescate de niñas de primaria que se han quedado embarazadas prematuramente, las han intentado casar o practicar la mutilación genital femenina.
Puedes saber más de la vida keniata de Luis aquí, minuto 26:10

Samantha, Mama Sam en Tanzania

“Cuando Samantha era pequeña, le decía a su madre que quería ser médico para curar a los niños africanos”. Esta madrileña se marchó para África tras dejar un puesto de ejecutiva en Telefónica “aquí estás mucho más cerca de la gente” comenta mientras contempla orgullosa la ONG que ha creado a los pies del Kilimanjaro. “Cuando voy a Madrid, voy de visita, cuando vuelvo a África, vuelvo a casa”.
Su reportaje y ella no tienen desperdicio

El Quejío de Toro

           

 

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La Macanita de Jerez, fotomural de Juan Carlos Toro, Jerez de la Frontera

En esta era del sensacionalismo y lo funesto como espectáculo, él se ha mantenido íntegro en la idea de que “el periodismo es estar con la gente y dar servicio”.

Juan Carlos Toro me inspira.

A PESAR DE QUE MANTENERSE EN LAS TRINCHERAS de la calle y de que plasmar su esencia muchas veces no es rentable a nivel profesional  y que además puede costar algo caro, este fotógrafo y artista jerezano es de los que sienten esa necesidad de que el verdadero “quejío” de sus calles sea escuchado, un “Quejío” que expresa, que reivindica, que impresiona.

Yo en mi casa he visto mucho Arte”. Si comenzamos por sus raíces muchos dirán, “de casta le viene al galgo”, pero Juan Carlos Toro (Jerez 1979) es genuino.

Cuando hablamos con este fotoperiodista andaluz pronto comienzan a brotarme esencias de ese periodismo al que algunos de mis profesores de Universidad llamaban “romántico y bohemio que no llega a nada”. Sin embargo, con Toro recupero la esperanza.

Profesional de la imagen informativa y artística, Juan Carlos ha ejercido como redactor gráfico en el Diario de Jerez durante más de veinte años, en la actualidad colabora con lavozdelsur.es y con El País como fotoperiodista además de  ser profesor de fotografía en la Universidad de Cádiz.

Juan Carlos Toro, fotoperiodista
Juan Carlos Toro

Aunque estudió imagen, confiesa que el fotoperiodismo le eligió a él, y es que este jerezano tiene una mirada digna de estar al servicio de la gente. Es en las historias personales, en la realidad de la calle, en las vidas de personas como tú y como yo donde Juan Carlos Toro pone el foco. Con una sensibilidad especial, no sólo para captar las historias, sino para mostrarla, nos ha contado muchas realidades que quedan a la sombra de noticias repetidas, sensacionalistas y poco profundas.

Sus reportajes sobre el ancestral y en declive oficio de los “toneleros” jerezanos, “Los Sastres del Vino; sobre la vida del ermitaño coquinero furtivo del Guadalete o sobre “Alma de África” un equipo de fútbol jerezano compuesto por inmigrantes, visibilizan realidades cotidianas, vecinas, vitales, merecedoras de ser contadas y de ser sabidas.

Tal vez esa sensibilidad en la mirada de Toro venga de todo el arte que rezuma por sus venas. Su abuelo fue Fernando Toro Ramírez o “Ramírez, el Pintor” como era conocido por los jerezanos, un artista que conseguía con sus trazos representar todo el orgullo y respeto que sentía por su tierra y su cultura a la vez que mostraba una realidad impresionantemente viva y de una gran riqueza expresiva. Pues bien, digamos que más de cincuenta años después, con métodos más propios de nuestro tiempo, su nieto Juan Carlos revitaliza esa mirada. Hoy la realidad de la tierra de estos artistas sigue siendo la vida en el campo, en las calles y en el ruedo, pero también la inmigración, los desahucios, el flamenco o el surf.

 

[con el fotoperiodismo] yo descubro una profesión apasionante, entro en contacto con la gente y con las historias y aprendo que la profesión como yo la entiendo es todo lo contrario a lo que se está viendo últimamente. El periodismo es estar con la gente y dar servicio.   

Si a esta resolución le añadimos que Toro es un profesional de los de “pellizco”, obtenemos una obra apasionada, comprometida, profundamente expresiva y reivindicativa.

 

Después de sufrir un ERE, este artista se vio en la necesidad de continuar como freelance valiéndose de su trabajo para poder seguir adelante, pero lo que también le esperaba, era un gran campo abierto en el que sería él quién decidiría hacia dónde enfocar su cámara. De esta libertad creadora nació el proyecto “Presencias”.

 

 

Proyecto “Presencias” o “dibujar con las imágenes lo que siente el alma”

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El Torta, Jerez de la Frontera, fotomural de Juan Carlos Toro

 Año 2010, la UNESCO  nombra al Flamenco, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Año 2011, Jerez de la Frontera, madre del recién galardonado, se encuentra devastada por la crisis, las paredes de sus bodegas dieciochescas derruídas, y sus quejíos rompiendo en la oscuridad de la luz cortada.

¿Para qué sirve entonces el título? Se preguntó Juan Carlos. “Ahí es cuando me veo en la situación y en la necesidad de exponer y denunciar la situación de mi ciudad

Ese torrente mezcla de inquietud, urgencia, reivindicación, pasión por la tierra y sensibilidad artística es lo que lleva  a Toro a “empapelar las paredes” de Jerez.

Inspirado por el fotógrafo y artista callejero francés J.R, Toro decide visibilizar las joyas del flamenco jerezano a través de fotomurales expuestos por los barrios más castizos de la ciudad,  El barrio de Santiago, el de San Miguel y el de San Mateo. Perlas flamencas de la talla de Capullo de Jerez, El Torta, Manuel Moneo o Macanita de Jerez regalaron un instante de su arranque a esa geografía urbana añeja de olvido.

El sentido de la obra por tanto era doble, por un lado reivindicar lo que con tanto orgullo se debería lucir, la expresión de un arte único cuyo éxito ha traspasado fronteras y que sigue revitalizándose a pesar de los años, y por otro lado la visibilización de una ciudad, que bien podría compararse con un joyero con solera, pero cuya historia plasmada en sus muros se está dejando convertir en polvo.  Toro utilizó como hilo conductor el flamenco para representar “el quejío de la sociedad que sufre y de la ciudad que se cae a pedazos”, el quejío de Diego Carrasco pero también de la bodega jerezana del siglo XVIII. Y parece que todo en ese proyecto interiorizó ese sentir, pues ese arte efímero también se ha ido desgarrando con el paso del tiempo.

 

 

 

Todo este vasto trabajo que comenzó en 2011 y no fue completado hasta 2016 no hubiera sido posible, evidentemente, sin una ardua labor tanto técnica y física como administrativa. Pero Juan Carlos lo tiene claro “cuando tú le pones el cariño y el corazón a un proyecto, eso se nota y llega a más gente. Al final, yo lo hago por amor al arte, y cuando lo haces así, parece que las cosas salen bien”.

 

Y eso parece. Después de “Presencias” en Jerez, vino “Made In Barrio” un proyecto ideado por el Ayuntamiento de Córdoba que pretendía revitalizar la imagen del distrito Sur cordobés con fotomurales, nuevamente, que representaran la identidad de los jóvenes del barrio. Jóvenes deportistas y medallistas, emprendedores, valientes y con actitud fueron elegidos como modelos inspiradores.

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María Ballesteros, campeona de Taekwondo, Córdoba

 

Esa inspiración, que muchas veces viene de mirar la realidad con otros ojos y con otra sensibilidad diferente a la que estamos acostumbrados, es un ejercicio en el que nos deberíamos entrenar más a menudo y del que podemos extraer lecciones de vida y sacar lo que llevamos dentro, que en la calle hay mucho talento.

 

Vídeo de Antonio Girón