Crisis, Tiempo de oportunidades

           

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“La creatividad requiere tener el valor de desprenderse de las certezas” (Erich Fromm). Imagen de Khara Wood

Ya lo decía mi profesora de física, “crisis es sinónimo de cambio, de revolución

Soy consciente de que la crisis ha sido para muchos auténticamente de-vas-ta-do-ra, dramática, trágica. Todos lo sabemos, todos hemos oído hablar o incluso hemos vivido esas historias injustas que muchas veces superan la ficción más insensible e inhumana.

Pero digamos que, para algunas personas, la crisis ha golpeado de una manera tal que han sido capaces de tener tiempo de reacción, personas a las que el látigo de la crisis no ha azotado hasta matar, sino que les ha golpeado lo suficientemente fuerte como para sacarles del camino marcado y  pese a la desorientación de los primeros momentos han tirado de eso a lo que se le llama resiliencia.

Estoy hablando de esas personas a las que, por ejemplo, la crisis les explotó en las manos cuando salían de la universidad con su título bajo el brazo. Esas personas que habían sido criadas bajo el mantra de “hij@ tú haz carrera, el esfuerzo merece la pena, luego podrás ser quién quieras”.

Esos recién licenciados, confiados, ilusionados, bañados por un sol que ya no calentaba como antes,  sorprendidos por unas reglas de juego que ya habían cambiado. ¿Y ahora qué?

Pues ahora…ahora llegaba lo bueno, el momento de salir de la zona de confort,  de ponernos a prueba, de aventurarse, de vivir cosas que de haber seguido el camino marcado nunca se hubieran experimentado. Ahora llegaba, para muchos, el momento de decir, “mira, el plan oficial no ha funcionado, ese camino de baldosas amarillas que era la vía garantizada al éxito me ha llevado al abismo, así que ahora…ahora voy a hacer lo que me de la gana”, así, tal cual.

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“No existe gran talento sin gran voluntad” (Blazac). Imagen de Lucas de Kam

Los hubo a los que les dio la gana volver a estudiar, pero ahora volver a estudiar aquello con lo que ellos siempre habían soñado, aquello que les motivaba,  y no la carrera, seguramente con números, que tenía salida asegurada o a la que se habían dedicado ocho generaciones de su familia, nueve con la suya.

Los hubo a los que les dio por los idiomas y viéndose con un poco de necesidad enfundada en un espíritu aventurero, a veces forzado, se marcharon a trabajar, aprender y experimentar la vida en el extranjero y la vida fuera de esa España crítica, que fueron los dos lados de una misma moneda. En ese momento tuvimos la oportunidad de demostrar muchas cosas, pudimos sacudirnos frente a todos esos que nos tildaban de vagos y fiesteros que aquí estábamos los españoles para tirar del carro, lejos de nuestras casas, convirtiéndonos en inmigrantes, currando duro para poder mantenernos a nosotros mismos, a nuestro orgullo y a nuestra dignidad.  Ese orgullo, esa dignidad, ese talento que nuestro sistema estaba vilipendiando, malgastando y regalando sin miramientos por ejemplo a las empresas de ingeniería alemanas, al sistema de salud británico o a la comunidad científica norteamericana.

Y los hubo que emprendieron y emprendieron muy bien emprendido. Porque el emprender nos propone infinitas oportunidades entre las que tenemos que escoger. Nos coloca ante una encrucijada de la que sólo sacando lo mejor de nosotros podremos salir gloriosos, y una de las formas de poner toda la carne en el asador es hacer aquello que nos motiva.  Muchos emprendedores reconocen haberse descubierto o redescubierto en periodo de crisis, porque ahí fue cuando ellos, dadas las circunstancias, se preguntaron ¿y yo, realmente, qué quiero hacer? esa pregunta es como abrir la caja de Pandora y la verdad que esta época del elogio a lo artesanal y el espíritu “Juan Palomo” o como popularmente se le conoce “Do it yourself” (DIY) ha ayudado mucho. Además, en tiempos de crisis se agudiza el ingenio y la creatividad.

Los conozco que se han dedicado al arte, al diseño, a la ayuda social, a emprender un negocio familiar aportando lo que se sabe hacer y aprendiendo lo que se tiene que aprender para ser mejor. Los conozco que han creado su propia empresa gracias a su formación académica, ya que los negocios ya consolidados no les proponían nada decente ni digno. Sé de los que se han hecho hosteleros, hortelanos, maestros cafeteros, chocolateros o cerveceros (a su profesionalización también ayudaron los años de carrera).

Y a todos les está yendo bien, quizá no sean los más ricos del lugar, pero están satisfechos con su día a día.

¿Por qué? pues yo, personalmente, creo que cuando uno se aventura en un proyecto personal de carácter profesional o del ámbito que sea, se involucra más, cuando uno va a pasar la mayor parte de su tiempo esforzándose por lo que le gusta, se sacrifica más, lucha más, se motiva más, pone mucho cariño, se esfuerza sin fatiga, se cuida lo que se crea y de ahí, normalmente, salen bien las cosas…

“El que no inventa, no vive” (A.M. Matute). Imagen de Martin Knize

Y por cierto, también los hubo que lo hicieron todo, estudiaron idiomas, marcharon al extranjero y emprendieron, porque en casi diez años de crisis, con ganas, necesidad y todo por aprender y aportar, la vida da para mucho.

2 pensamientos en “Crisis, Tiempo de oportunidades

  • agosto 13, 2017 en 7:44 pm
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    Nunca un realismo tan “crudo” fué tan positivo…. He aquí la otra cara de la moneda de la que tanta falta nos hace ser conscientes

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